El Sueño Perpetuo.

 

Una luz brillante como el Sol, fue mi primera percepción. Lastimo mis ojos y debí parpadear muchas veces antes de poder abrirlos totalmente. Todo mi cuerpo estaba entumecido, inclusive mis párpados. Mi mente, confundida, había perdido toda noción de tiempo y espacio. Nunca antes había despertado así. Pasó un tiempo hasta que mis pupilas se adaptaran de nuevo a la luz. 

¿Dónde estaba?…. Todo giraba a mi alrededor… ¿dónde estaban todos?…

¡Nefer! Intenté llamar pero de mi boca no brotaba sonido alguno. ¡Nefer! intenté más fuerte pero seguía sin respuesta… ¿dónde estaba mi amada Nefer?.. ¡ Sabdug!, ¡Inmaj, mis sirvientes! ¿Dónde están? …¿Qué es todo esto?…..¡Todo es tan extraño!

El pánico me invadió. Quise levantarme y salir a buscarlos. Pero ni mis piernas, que tantas veces habían ganado carreras en las dunas; ni mis fuertes brazos, acostumbrados a tensar el arco para dar con precisión en el corazón de los patos al levantar vuelo entre los juncales del río sagrado, ahora respondían.

¿Qué me está pasando?… Mi mente aún aturdida no podía conectarse a la realidad. Mi amada Nefer ya no estaba acostada a mi lado y mis sirvientes no respondían raudos a mi llamado.

 El miedo paralizó mi corazón.  ¿Por qué estoy solo?… Saben que deben velar mi sueño y no se pueden alejar de mí sin mi permiso. ¡Los haré ejecutar por no respetar mis órdenes!…

Pero,…. ¿Dónde estoy? ¿Y quién soy yo?…ni siquiera puedo recordar mi nombre…

No. ¡Es todo un sueño! Trataré de tranquilizarme. Debo estar aún en los cálidos brazos de Isis. Es solo un extraño sueño,…del que despertaré en breve.

Poco a poco mis ojos comenzaron a vislumbrar formas borrosas y colores. Mi visión estaba limitada a un estrecho campo delante de mí, no podía ver hacia los costados, mi cabeza también estaba inmóvil. Era como si mirara a través de una puerta. Mi cabeza no se movía, ni siquiera podía ver mi cuerpo, solo mis ojos podían moverse libremente. Mi cuerpo no me pertenecía.

Nuevamente, una sensación de temor me invadió. Lo poco que podía ver ante mí me era extrañamente desconocido y familiar a la vez. Parecía un techo con dibujos de guardas en sus bordes, algunos de los signos que lo conformaban me eran caprichosamente familiares. Había visto infinidad de veces a los sacerdotes esculpirlos en las paredes de los templos, pero definitivamente no era el techo de mis aposentos. Esto me inquietó nuevamente.

 Por más que tratara de estirarme para poder observar el resto de la habitación, me fue imposible Mi cuerpo seguía sin responder a las órdenes, mi cabeza estaba tan inmóvil como el resto, solo mis ojos podían moverse a voluntad. ¿Había despertado o era parte de ésta extraña pesadilla?…

            Pronto comencé a percibir algunos murmullos lejanos de voces que retumbaban entre los muros. -¡Por fin! ¡Habían vuelto!- respiré mas sereno.  Me alegré de que mis sirvientes hubiesen regresado aunque nada los salvaría de su mortal castigo por haberse atrevido a abandonarme, a mí, su Rey, sin autorización. Pero ahora, estaba ansioso de que me sacaran de allí sin pérdida de tiempo.

 ¿Cómo se atrevieron a dejarme? ¡A Mí, su,…su,.. pero, ¿quién soy Yo?, volvió a asaltarme la incertidumbre. Seguía sin poder recordar mi nombre, ni mi pasado. Me esforzaba por recordar pero era en vano. Esto es imposible, quiero despertar ya.

No tengo recuerdos. Solo algunas tenues imágenes pasaron por mi mente como destellos fugaces de alta velocidad. Imágenes en las que se superponían recuerdos algunos desconocidos, otros tan queridos, me asombraban las visiones, había multitudes, caras familiares, la arena, el tibio Sol en mi piel y mi amada Nefer… ¡Nefer! volví a inquietarme, ¡despiértame de esta pesadilla!…. ¡Todo es tan confuso y extraño, los recuerdos son tan vagos, tan etéreos….!

Otra vez escuché las voces acercándose. ¡Ahora estaban más cerca!… pero no me eran familiares, ni siquiera podía entender lo que decían. Era un idioma extraño, desconocido para mí, nunca había escuchado algo así. Quizás, me encontraba en la morada de los dioses y ese era su idioma, pero si así fuera, entonces ¿estaba yo muerto?,….debo tomar mi Anhk para resguardarme del maldito Seth. Traté por todos los medios de mover mis manos hacia mi pecho, de donde colgaba mi Anhk, pero también fue imposible.

 ¿Estaban los Dioses jugando conmigo? No, no podía ser verdad.

Si Yo me había dormido en los brazos de mi amada Nefer esa cálida noche en que Sotis iluminaba el Gran Río y la suave brisa hacía danzar a las tenues cortinas de lino junto a mi lecho. El aroma de las flores y las resinas perfumadas de la habitación emergían desde lo más profundo de mis recuerdos. Es insólito, puedo recordar esos momentos pero no sé nada de mí. ¡Ni siquiera recuerdo mi cara!

            Las voces se escuchaban cada vez más cerca.

De pronto, un grupo de extrañas personas apareció frente a mí. Sus caras no me resultan conocidas. Me miraban y hablaban pero parecía que no podían escucharme. No eran los Dioses que venían por mí. Solo mujeres, hombres y niños. No hay guerreros. Todos me miran mientras hablan entre ellos en su desconocido idioma. No parecen preocupados, pero ¿a qué lejano y exótico reino pertenecen? No son Nubios, ni Hititas, ni Hicsos. ¿De qué lejano y exótico Reino venían? ¿Cómo llegaron hasta aquí? Su aspecto me resulta extraño, sus ropas son de un aspecto nunca visto por mí, o quizás no lo recuerde realmente. Ahora todo me hace dudar. ¿Quienes son?… ¿quién dejo que se acercaran peligrosamente a mí?… ¿donde estoy? Solo puedo ver a través de esta angosta puerta.

 Durante horas traté en vano de comunicarme con todas las desconocidas personas que se acercaban. La escena se repitió muchas veces hasta que el silencio y la oscuridad volvieron a cubrir mis ojos. La noche agravó mis temores. Volvía a estar solo.

 ¡Basta ya! Hice el esfuerzo por despertar de este sueño, pero me era imposible. Los re-cuerdos siguieron viniendo a mi mente desordenadamente, pero solo me creaban más dudas. ¡Me abrumaba el hecho de desconocer mi pasado!

La luz del alba, que se filtraba por alguna ventana cercana que estaba fuera de mi alcance visual me encontró desalentado.

La historia volvió a repetirse nuevamente. Un desfile interminable de caras desconocidas desfilaban ante mis ojos. Todo era tan extraño, tan irreal. Únicamente me tranquilizaba el hecho de que no hubiera ninguna agresión hacia mí. Rogué a Amón y a Hórus para que me despertaran de esta inexplicable pesadilla. No me escucharon.

¿Estaba acaso condenado a permanecer eternamente inmóvil, condenado como una mosca atrapada en una telaraña? Inerte, sin poder siquiera saber quien era. Debía volver. Algo me decía que tenía que seguir luchando.

            Pero los días y las noches pasaron, uno tras otro, imperturbables. Descubrí algo mágico e invisible que me separaba de todos aquellos que se asomaban para verme. Podía ver sus manos que chocaban contra esa barrera etérea sobre mi cuerpo al tratar de tocarme. Aprendí a ver sobre ella los reflejos dibujados de las cosas a mi alrededor. La extraña barrera se parecía a los trozos de mica con que de niño jugábamos reflejando los rayos de Ra, el Dios Sol, sobre las paredes de las casas y los templos, solo que esta era transparente como el agua del manantial.

¿Cuánto faltaba para el amanecer y que se terminara este absurdo sueño?

No debí haber comido tanto anoche, Nefer me lo hizo notar, pero no la escuché. Otras veces he tenido pesadillas por hacerlo. Quiero que acabe este tormento de una buena vez. ¿Cuando despertaré?

Era como estar mirando a través de una puerta dentro de un cofre invisible a mi alrededor. Observé, que a cierta hora de la tarde, los rayos del dios Sol Amón-Ra reflejándose sobre mi lecho me permitían observar unas extrañas inscripciones que había sobre el marco que rodeaba mi cabeza. Día a día esperaba ansioso ese momento para ir memorizando cada uno de esos signos desconocidos, quizás ellos me aclarasen algo sobre mí.

            Me llevó tiempo pero poco a poco pude recordar y armar la secuencia de signos de la inscripción, pero todo fue un esfuerzo perdido, no tenían significado alguno. Quizás solo sirvieran de motivos decorativos. Aún hoy recuerdo la extraña secuencia:

                                

                                                                                                   RAMSES II      

                                                                                         1290 B.C.      XIX DINASTY

La mañana ya debe estar por llegar. Nefer, mi amada pronto me despertará y esta pesadilla extraña terminará como comenzó y volveré a ser Yo.

  RAMSES_II