¿La Historia, es la HISTORIA? Oíd, mortales… – Por Daniel Puliti

Un nuevo aniversario de la muerte, de quien yo admiro y considero mi UNICO héroe: Don José de San Martín.

San Lorenzo, (3 de febrero de 1813) fue la consagración en el plano público militar del entonces Coronel. Pero ésta batalla, que solo duró unos 15 minutos, fue además, la única que realizaría en territorio Argentino. Su espíritu libertador iba mucho más allá de Las Provincias Unidas del Sur. Pero La Historia, ¿es realmente La Historia


Caminar en una soleada mañana por el Campo de La Gloria, frente al Convento de San Lorenzo, fue, y será para mí, uno de los momentos más Espirituales de mi vida.

Recuerdo haberme sentado sobre el césped, entre el Convento y la barranca del río Paraná, cerrar los ojos y transportarme al pasado. Sentía el tibio Sol sobre mi cara, pero poco a poco comencé a escuchar, ver, y a oler el fragor de La Batalla.

Gritos; el retumbar de los cascos de los caballos; explosiones; disparos; humo, mucho humo, envolviendo mis imágenes y el olor a pólvora que lo impregnaba todo. Las imágenes virtuales en mi cabeza me mostraban lo que había acontecido aquella mañana de 1813.

Pero,… ¿fue realmente así, o mi imaginación solo sacó de mis recuerdos imágenes y relatos escuchados tantas veces desde mi niñez sobre aquella épica batalla?
Mi interés personal por la vida de San Martín me llevó a ahondar en los archivos Históricos de la Batalla.

Los realistas de Montevideo dominaban los ríos interiores con su flota, asolaban las poblaciones costeras y hacían frecuentes desembarcos para obtener ganados y otros alimentos.

El 28 de enero, el Triunvirato ordena al coronel San Martín que protegiese las costas del Paraná del desembarco realista.
La flota enemiga constaba de 11 naves y unos trescientos soldados. Las naves pasaron el pueblo de Rosario y fondearon frente al Monasterio de San Carlos, en San Lorenzo, aguas arriba.

Los españoles bajaron a tierra, subieron las altas barrancas y se encontraron con los pacíficos frailes. San Martín y su ejército (unos 120 granaderos) todavía estaban muy lejos de allí y recién llegarían para la noche del 2 de febrero. Un dìa antes, alertados del desembarco de los realistas en las proximidades de Convento, llegaron algunos paisanos al mando de Caledonio Escalada, comandante militar del Rosario.

Su grupo, de unas noventa personas (58, según lo registros de algunos historiadores) enfrentó al grupo realista en un primer intento de detenerlos. Solo contaban con algunos fusiles y un pequeño cañón de montaña. Los Realistas (que estaban bajo el mando del Capitán Juan Antonio Zabala) no se vieron inquietados por el reducido y poco profesional grupo de Escalada, intercambiando algunos disparos de cañón desde sus naves con el fin de amedrentarlos.

San Martín llega ese atardecer (2 de febrero) con sus hombres y se pone al tanto de la situación. Rápidamente prepara un plan para la mañana siguiente, en que los Realistas volverían a desembarcar, confiados en aplastar a la pobre resistencia y usurpar el Convento en busca de sus riquezas. La orden del entonces Coronel fue la de alejar a los caballos en la parte posterior del Convento y ellos quedarse en el patio del mismo, en silencio total y sin encender fuegos.

Desde la torre del convento, esa noche, el Coronel vigilaba las señales de luces de las naves enemigas y el movimiento y cantidad de hombres..

Basándose en sus conocimientos de táctica militar adquiridos en Europa (teniendo en cuenta algunas de las estrategias de Napoleón) pronto ideó un plan para sorprender a los Realistas.
Luego del amanecer del 3 de febrero, los Realistas (250) desembarcaron y subían el barranco en dos columnas dispuestos a terminar rápidamente con el combate.

San Martín designó dos columnas de ataque. Una comandada por él (que atacaría por el flanco derecho a los españoles y, la otra, que lo haría por el flanco izquierdo, al mando del poco experto (hay que reconocer que esta era la primera batalla que los granaderos enfrentarían desde su creación, un año antes.)
Capitán Justo Bermúdez. Cada una formada por 60 granaderos.

Dos minutos antes de atacar San Martín les dijo a sus oficiales y soldados no muy “sutilmente” que aquellos que recularan y no estuviesen a la altura del regimiento serian pasados a degüello por él mismo.

Como el desembarco verdadero fue unos cuantos cientos de metros más al norte del Campo de La Gloria, la columna de San Martín, con el a la cabeza, cargó antes sobre los españoles dando el primer combate. Bermúdez tardó más al realizar un rodeo mayor, lo que dio tiempo a los Realistas de poder retroceder hacia los dos embarcaderos salvando a la gran mayoría de sus hombres.

De lo contrario la batalla hubiese sido una verdadera matanza.
Si bien no se comenta en el primer parte de guerra escrito por San Martín esa misma tarde (bajo el famoso pino) se sabe que el grupo dirigido por el Comandante rosarino Caledonio Escalada, formo parte del ataque al hacerlo desde el frente del Convento con sus hombres, siendo además el “señuelo” ante el confiado avance de los hombres de Zabala.

La batalla duró solo unos pocos minutos (menos de 15) y dejo como saldo 40 Realistas muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron en las barrancas, heridos en la huida. Nuestro ejército pierde 16 hombres. (en el primer parte de guerra San Martín escribe: “. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos…)

El famoso Sargento Cabral que según los antecedentes históricos era en realidad “moreno y esclavo” y en realidad “soldado raso”, hijo natural de una esclava morena ( Carmen Robledo) y su amo (don Luís Cabral) fue herido con dos impactos de bala en el pecho, no muriendo en el campo de batalla sino horas después dentro del improvisado hospital creado dentro del Convento.

En relación a su famosa frase póstuma:”¡Muero contento!¡Hemos batido al enemigo!” la tradición dice también que la verdadera última frase agónica de Cabral fue dicha en guaraní y era bastante menos elegante –aunque más creíble- que la que registra la historia. “Muero contento, porque cag…. a esos mierd..!!”
El Capitán Bermúdez (que llegó tarde con su columna) tratò de “recuperar” ante su error y se lanzó hacia la persecución del desbande, con tan mala suerte que fue herido en una de sus rodillas.

Catorce días después se le hacía la amputación de la pierna, pero falleció instantáneamente.
Pasemos de la Marcha de San Lorenzo a la Marcha a la Bandera: “Aquí está la bandera que un día/ en la batalla trémolo triunfal/ y llena de orgullo y bizarría/ a San Lorenzo se dirigió inmortal”. La letra es hermosa. La música es muy pegadiza… el problema es que no enarbolaron bandera argentina alguna.

Retrocedamos. El 27 de febrero de 1812, en Rosario, Manuel Belgrano levanta la insignia celeste y blanca. Tres meses después, hace lo mismo en Jujuy. El Triunvirato desaprueba la acción. Hay dudas entre los historiadores si en 1813 se da vía libre a la utilización de nuestra bandera. Lo cierto, es que para Vicente Fidel López “sólo a fines de 1814 o 1815 se habría empezado a enarbolar bandera propia”.

Vuelvo de mi sueño… pero aunque ya no esté parado sobre el verdadero Campo de La Gloria,(unos 200 metros más al norte de donde estoy) aunque mi imagen de la Batalla no sea la real, la de los hechos. Aunque no nos hayan enseñado la Historia con personajes reales, con “seres humanos reales”, de carne y hueso, con aciertos y errores, con miedos y sufrimientos, quiero seguir guardando en mi espíritu “la esencia” y el respeto hacia todos esos hombres que no escribieron la Historia, los que ni siquiera figuran en la letra chica, como un número más. Mi respetuoso recordatorio. Y sobre todo a la imagen de ese héroe, que guía mis principios: el HOMBRE Don José de San Martín.
“Serás lo que debas ser, o no serás nada”…