Pero Che!…¡ESTAS SIEMPRE IGUAL!!!

 

 

                   A muchos de nosotros nos habrá pasado de encontrarnos con viejos amigos a los que hace muchos años que no vemos y que nos digan ésta frase. 

        ¡Estás siempre igual!; ¡Para vos no pasa el tiempo!; ¡Vos si que te mantenes!, etc., etc.,…

        Fuera del halago que esto representa, nos genera en lo más profundo de nuestro Ser un poco de vergüenza porque sabemos que no es así. ¡Aunque a los demás les parezca! Es solo que ellos están más “hechos pelota” que nosotros. Todo depende del color del cristal con el que se lo mire. 

        Los que estamos en nuestra “segunda adolescencia”, es decir entre los 40 pico y los 50 y pico, volvemos a pasar un período idéntico al vivido durante nuestra adolescencia. No nos sentimos tan jóvenes para algunas cosas pero tampoco tan viejos para otras.

 ¡Estamos en el medio de nuevo! ¡Somos de nuevo unas larvas indecisas!

        Si no me creen acá van algunas “cositas” que nos demuestran en donde estamos parados. ¡Prepárese y haga un “MEA CULPA” sincero!

 

   Para varones: (no diga caballeros, porque de entrada empezamos mal)

Signos evidentes de que está envejeciendo:

 

        Tiene dolores en las articulaciones al agacharse que le demuestran que el piso está más lejos que antes (aunque no hemos crecido ni 1 cm en los ùltimos 20 años.)

        Cuando se levanta a la mañana y se mira al espejo se ve más parecido a Homero Simpson que a Brad Pitt.

        Peor todavía si al mirarse al espejo se pregunta: ¿Quien es ese tipo?

        Cuando para atarse los cordones de los zapatos (signo indirecto de vejez, porque no dije “llantas” o “las John Cook”) se tiene que sentar para poder levantar la pierna correspondiente.

        Cuando después de ducharnos pasamos más de 10 minutos con el peine ante el espejo tratando de “peinarnos” de la más honrosa manera los pocos pelos que nos quedan.

        Cuando tenemos que afeitarnos todos los días porque sino parecemos unos linyeras.

        Cuando en nuestra mesa de luz hay más medicamentos que celulares y mp3.

        Cuando en la calle los jóvenes nos dicen “¿Señor, me puede decir la hora?” en vez de “¿Flaco, que hora tenès?”

        Cuando nos ponemos a jugar con nuestros hijos más pequeños y en el medio de una lucha cuerpo a cuerpo tenemos que suspenderla para explicarles durante 10 minutos quién era HE MAN.

        Cuando a nuestros autos no les ponemos “lucecitas de colores” ni equipos de música con parlantes de alto poder.

        Cuando preferimos dejar nuestro coche en un estacionamiento antes que dejarlo en la calle. (¡con estos pendex de ahora!)

        Cuando preferimos salir a tomar algo a algún lugar “tranqui” en vez de a un boliche “con esa música infernal, que no se puede ni conversar”.

        Cuando no necesitamos tener que andar en el auto con la radio (perdón! Equipo Hi Fi) prendida y al mango escuchando cumbia (chingui chingui).

        Cuando vamos a cenar y nos cuidamos por el Colesterol.

        Cuando salimos y dejamos propina.

        Cuando llegamos y protestamos porque nuestros chicos están escuchando esa infernal música (por llamarla de alguna manera) y les reprendemos para que bajen el volumen.

        Cuando miramos más programas de política que canales de música con los últimos rankings.

        Cuando ya no pasamos horas sentados frente a la computadora chateando con veinte amigos al mismo tiempo en el FaceBook.

        Cuando hacemos actividad física los fines de semana y se lo contamos orgullosos a todo el mundo.

        Cuando nos parece que todas las chicas son lindas.

        Cuando un domingo estamos levantados a las 9 de la mañana.

        Cuando no podemos leer que diablos dicen las letras chiquitas de los envases.

        Cuando salimos un sábado y miramos la hora diciendo: “¡Ya son las 3!”, en vez de decir “¡Recién son las 3!”

Cuando para nuestra noción del tiempo nos parece que los días pasan volando.

        Cuando hablamos con nuestros hijos comenzando con un “Yo, a tu edad…”

        Cuando comenzamos a ir al médico para hacernos un “chequeo” bien completito y con ese análisis de la próstata y todo.

        Cuando podemos escribir artículos como éste.

        Peor aun, cuando nos reímos con artículos como éste.

 

Ahora las “chicas” (ojo, no decir Damas.):

       

        Voy a ser más breve con ellas por dos motivos: 1º, no me alcanzaría el día para escribir sobre ellas y 2º, se deprimen más fácilmente que nosotros y se dan manija solas.

 

        Cuando para salir se tienen que cambiar veintiocho veces porque “esto me queda horrible” o “el pantalón del verano pasado “se encogió” y no me cierra”.

        Cuando se quieren vestir con el mismo “Look” que la hija.

        Cuando se visten para una fiesta y el marido les dice “¿Qué te pusiste?” o peor aún, cuando su novio o marido le dice que así vestida se parece a Zulma Lobato.

        Cuando en el baño hay más cremas “anti arrugas” y “anti age” que perfumes.

        Cuando se destapan todas en invierno y te dicen “¡vos no tenès caloorrrr!”

        Cuando usan bolsa de agua caliente.

        Cuando tienen que ir al gimnasio todos los días.

Cuando entre las pastillas de la tiroides, la de los calores y las del colesterol no se acuerdan si ese día la tomaron o no.

        Cuando salen a cenar y toman Ser (0 calorías).

        Cuando piden un postre (flan con dulce de leche y crema) y tienen que explicar “¡je, je,… total no como nunca!).

        Cuando empiezan a criticar a cualquier mujer más joven que a nosotros nos parece llamativa.

        Cuando empiezan a criticar a cualquier mujer más joven.

        Cuando empiezan a criticar a cualquier mujer.

       

       

¡Bueno, después de todo no estamos tan mal!¡Arriba ese ánimo! ¡Vos viste como está tu amiga o tu amigo!!!…   parece un viejo!!!

 

                                               DANIEL PULITI. (XXI D.C.)